COMENTARIO SOBRE MIS EXPERIENCIAS CON EL
IMSERSO 2017

 

POR SI A ALGUIEN PUDIERA INTERESAR, CUELGO AQUÍ MI COMENTARIO DEL VIAJE QUE HA REALIZADO CON EL IMSERSO 2017.

     Hace dos años fue mi primer contacto con este Servicio, inscribiéndome y suscribiendo un primer viaje, como prueba, y que consistió en una semana, todo incluido, en la playa de Torremolinos, con desplazamiento por mi cuenta: febrero 2016.

     Nos alojamos en el hotel designado "Parasol Garden" me parece recordar, muy cerca del paseo marítimo.

     Incluía las tres comidas en buffet libre y autoservicio, con agua mineral embotellada libre, y una botella de tinto cada cuatro personas en cada comida.

     La comida, bien condimentada y presentada era ilimitada. Comprendía bastantes clases de guisos y platos, plancha y ensaladas. Arroz, postres de frutas pastelería y helados. Reponían las bandejas que se estaban acabando aunque faltaran diez minutos para cerrar el comedor.

     Por las mañanas los desayunos, con leche, infusiones, café, descafeinado, chocolate, colacao, papelería, bollería, pan, huevos fritos, salchichas y algún guiso.

     Bien la limpieza y destacable la atención y trato del personal

     Las habitaciones amplias y luminosas.

    A la vista de la prueba, a final de año 10/11-2016, en la campaña 2016.17, escogimos otra playa: el pueblo de Jávea (Alicante).Nos hospedaron en el hotel "Villa Naranjos". Por el estilo del de Torremolinos del viaje anterior, limpio y cómodo. Cerca del paseo marítimo y playa.

     El personal atento y dispuesto. Las habitaciones luminosas y limpias.

    La comida aunque buena y tan surtida como en Torremolinos, acaso un poco inferior en su cocinado y presentación. Por supuesto que aceptable y satisfactoria.

     Una anécdota: en todas las confiterías y tiendas especializadas, no encontré turrón de jijona, artesanal. Por lo visto no lo ponían a la venta hasta el 4 de diciembre.

    La buena experiencia de esos viajes de años anteriores, me llevó éste, a contratar nada menos que quince días en las Islas Canarias. Una semana en Tenerife y otra en Gran Canaria.

El hotel de Tenerife "Tenerife Ving" (apartahotel) manifiestamente mejorable, oscuro acaso falto de limpieza. Se me cayó una patilla grande de una medicina bajo un mueble, (¿aparador?) de patas altas, del saloncito, perfectamente visible desde cualquier lugar del mismo, estuvo allí toda la semana, hasta que al marcharnos, la quité yo, ante el miedo de que fuese ocupada la suite por alguien con un niño, que la pudiera ingerir.

      Llegamos el viernes por la tarde, nos alojamos y cenamos. Por la mañana nos reunieron como es costumbre, para explicarnos un poco:  la isla, las excursiones que nos preparaban (pago aparte), los servicios del hotel y médico, así como las atracciones gratis, generalmente de noche, que nos ofrecerían.

     El apartamentito tenía una distribución más que criticable,

    Se abría la puerta y nos dábamos de cara con las dos camas y la mesilla de noche en medio. Junto a la segunda cama se levantaba una pared divisoria de madera, del largo algo superior al de la cama, decorada en su casi totalidad con un espejo, y arriba, cerca del techo la cerraba una celosía de madera.

     Había otra celosía igual, simulando cerrar, por los pies de las camas, el pretendido dormitorio, también pegada al techo.

     Frente a las camas cruzando ese pasillo virtual, formado ante los pies de las camas y delimitado idealmente por el trozo de celosía situada junto al techo, estaba el cuarto de baño. No tenía bidé.

     Se corrió el rumor de que un día (me parece que el jueves), no "hacían" la habitación. Falsa alarma: la hicieron, dentro de los límites de todos los días.

    Tras la pared-madera-espejo que limitaba por un lado el presunto dormitorio, estaba el pequeño salón, luminoso, con balcón a la calle posterior del hotel donde había un frondoso y alto pino canario. Un día en el balcón se posó un halcón, milano o ave rapaz similar.

En ese saloncito se abría la puerta de una pequeña cocina, digna de mejor limpieza, que al menos tenía un frigorífico, y un estante donde había algunos cubiertos y platos. También una caja fuerte de un tamaño aceptable: Cabía el portátil y otros objetos holgadamente. No valía muy cara su utilización. Un euro diario. Al igual que el uso del wifi en la habitación. En recepción era gratis. Sobre la pequeña y pegajosa encimera, junto al fregadero había un hornillito eléctrico portátil.

    El hotel, sin embargo estaba situado en plena ciudad, Puerto de la Cruz, cerca de la playa,Y cerca del Loro-parque,

 Enfrente había otro hotel, El Noelia, con mejor pinta. Muy cerca en la misma calle, saliendo a la derecha, había una pizzería, un bar, y una floristería, a la izquierda una cafeteria, una agencia de viajes y una tienda en que vendían tabaco, lotería, y revelaban fotografías. Un compañero de Imserso de Sevilla, que va todos los años, se lleva los carretes de fotos y las positiviza allí, porque, decía, eran muy baratas.

    En el propio hotel, nada más entrar había un pequeño supermercado que abría a las 8:00H y cerraba a las 23:00H. En el hotel de enfrente había otro.

    A unos cien metros había un ambulatorio de la Seguridad Social, una farmacia y otros comercios, como otra pizzería y otro bar, además de una o dos peluquerías de señoras.

     El único problema, para mi, era que todas las calles de aquel barrio, como las de casi la totalidad de El Puerto de la Cruz, y yo diría que de toda la isla, estaban en cuesta.

    Aunque nos recomendaban desplazarnos andando a varios sitios que queríamos visitar y que decían cercanos (Puerto, Loro-parque, etc) como a mí me asustaban las cuestas y el andar mucho, por mi arteriopatía claudicante (Síndrome del escaparate) cogíamos un taxi, lo que nos deparó una agradable sorpresa: eran baratísimos. Nos lo pedían en recepción, llegaban al hotel en escasos minutos (menos una vez) y el llevarnos al Loro-parque, o a los Lagos de Martiánez, en la zona del puerto y también zona elegante y comercial, de tiendas caras, y de electrónica; con buenos restaurantes y bares con terrazas, frente a los lagos artificiales con agua de mar, nos solían costar unos 3’60€

     El hotel disponía de un patio, junto al no grande salón de recepción, con toldos, sombrillas, sillones y mesas, que eran atendidas por un camarero de la pequeña caseta de bar allí existente, muy amable, educado y agradable, como también lo era el resto del personal del hotel con el que tratamos..

     De las varias excursiones que organizaba la Agencia para los "imsersos" solo hicimos una: la subida al Teide.

    Merece la pena hacerla. A pesar de las cuestas, peligrosas curvas, estrechez de las carreteras y precipicios que llevan a él..

    Especial mención merece la expresa y calculada parada en una zona específica de la carretera, para ver la puesta de sol.

    Los de por aquí conocemos una famosa en el mundo: la de Sanlúcar de Barrameda. Pero aquella es excepcional y en cierto modo extraña.

     El "mirador" en la carretera, donde nos pararon, estaba a unos 2.300m sobre el nivel del mar. Y debajo de nosotros había, sobre los 2.000m, un algodonoso mar de nubes blancas. En ellas es donde se pone el sol, no en el mar de agua, que desde allí ni se ve. Tampoco la tierra. No se ve otra cosa que las nubes.

 La excursión tuvo, para mí, una pega, o mejor dos:

   La primera y principal pega fue un hecho que nos indignó a muchos de los viajeros del autobús.

     Sin habernos avisado y menos pedido autorización, nos pararon y nos llevaron a una fabrica de Aloe Vera, donde le dieron a todo el que consintió, (yo me pude despistar) una charla sobre el producto, en sus diversas modalidades, (que ponían a la venta después) donde pretendían convencer que ese bálsamo "de fierabrás" lo curaba todo: comido, bebido, restregado o untado. (Soy tonto habiéndome operado dos veces de corazón, y tomando tantas pastillas). Con un frasco de gel de Aloe Vera se me hubiera curado no solo la cardiopatía, sino la, para todos incurable, psoriasis, que también padezco.

    La segunda, es que nos llevaron a media tarde por la autopista (pasando por La Laguna, donde está la Universidad), y luego carretera general hasta la zona del Teide,

    Pero la vuelta, ya muy de noche y tras haber cenado, sólo bien, en un restaurante en ruta, la hicimos por la preciosa carretera (yo la conocía) de la Orotava, cuyas vistas no pudimos disfrutar. (A lo mejor lo hacen por la difícil y peligrosa carretera que se recorre, y pera evitar que los viajeros del autobús pasasen miedo viéndolo todo)

     El último día de estancia en la isla, nos recogieron en el hotel, con las maletas, y nos llevaron al puerto de Santa Cruz, capital de Tenerife.

    A la entrada de las instalaciones portuarias y sus barracones, en un mal sitio paró el autobús, tuvimos que coger las maletas, atravesar una nave, salir a los adoquines del puerto, llegar (60m) a un vehículo con un remolque con el chasis entre 80 cm y 1 metro de altura, donde tuvimos que izar y depositar los bultos y pesadas maletas sin ayuda de nadie.

    Tengo que reasaltar que aquello era un viaje del Imserso, es decir para viejos y achacosos. No para jóvenes y fuertes.

    Volvimos a la nave, donde había un bar y allí esperamos la hora del embarque.
 

    Para acceder al barco (de la empresa Fred Olsen) que nos llevaría a Gran Canaria, había que subir por una escala pegada al lateral del barco de más de cien escalones.

    Para mi mujer era imposible. Probablemente para mí lo hubiera sido también.

     El atento guía de la agencia trajo una silla de ruedas donde se sentó mi mujer y un amable empleado de la naviera la llevó al barco, acompañada por mi y varios viajeros que no podían subir la escala. Entramos por la rampa por donde entraban los vehículos.

Subimos varias largas rampas y llegamos a la cubierta principal de la proa del barco. Allí nos aposentamos en mullidos y pomposos sillones (según la propaganda del barco llevaba 800) donde hicimos la tranquila travesía, de la que estábamos continuamente informados por unas pantallas donde aparecían las siluetas de las islas, y la del barco en movimiento.

     Compañeros que en años anteriores habían contratado este mismo viaje, protestaron, porque las otras veces el autobús entro en el barco, allí bajaron los viajeros, y sin tener que mover sus maletas, fueron a sentarse en cubierta, y terminada la travesía, volvieron al autobús y en él fueron trasladados al hotel adjudicado.

     Nosotros, tras el viaje, desembarcamos (mi mujer en la silla de ruedas empujada por el amable empleado de la naviera, y acompañada por otros viajeros que no querían o no podían bajar la empinada y larga escala y por mi) por las rampas de los aparcamientos, teniendo que esperar a que salieran los vehículos. Tuvimos que cargar de nuevo con nuestras maletas y llevarlas al autobús aparcado a la salida del puerto de arribada, el de Agaete, al norte de Gran Canaria, donde fueron guardadas por el conductor.

                                                         GRAN CANARIA
                                                                
     Nos trasladaron al sur de la isla y nos llevaron al hotel que teníamos asignado: el "Marina Élite" (apartahotel) en la "Playa Balito", según la documentación del Imserso, "Barranco Balito", según las señales de trafico de la carretera donde estaba ubicado dicho hotel

     De entrada nos dejaron en plena carretera, a unos 60/70 metros de la recepción del hotel, cuesta arriba y por rugosa carretera. El esfuerzo para arrastrar las maletas fue extenuante. (A mi mujer la ayudó la guía de la empresa de viajes).

     Por lo visto, insisto, nadie tuvo en cuenta, ni cuando nos adjudicaron el hotel, ni cuando llegamos a él, que los viajeros de aquel autobús y huéspedes del hotel, éramos del IMSERSO. Es decir viejos, y la mayoría con enfermedades crónicas, muchas relacionadas con la marcha.-

Y ahora vamos a describir el hotel y La "Playa Balito"
Hotel

 El "Marina Élite" (también apartotel) está construido junto a la carretera cerca (pegado) a una pared rocosa, y separado de ella, a veces, por no más de un metro.

     Nacía en el fondo del barranco (supuesta playa), y subía pegado a él, de manera que la recepción (¡planta séptima¡) estaba a nivel de la carretera que pasaba ante él.

     El edificio de 10 plantas parecía bastante nuevo (me huelo que remozado) porque las lleves de las habitaciones eran de las corrientes de hierro , y en las habitaciones, pequeños apartamentos, aunque mayor y mejor que el de Tenerife, no había interruptor general de la electricidad del apartamento, (el de Tenerife, anticuado, lo tenía) de los que se activan con la tarjeta-llave electrónica de la puerta de la habitación, como es corriente hoy día, en cualquier hotel.

      La habitación, (apartamento) mucho mejor y mas luminosa que la del de Tenerife, disponía de un amplio salón con gran terraza al mar Con habitaciones independiente para el cuarto de baño, con bidé, y el espacioso dormitorio con ventanal a la terraza, con dos camas y mesilla de noche entre ambas así como ropero empotrado. Ambas habitaciones disponían de puertas. Recordemos en el dormitorio en el Tenerife ving no la tenía.

     Además había una cocina con una larga encimera y placa vitrocerámica, con frigorífico. La cocina no tenia puerta. En una mesa (mostrador) del salón había un horno microondas.

     En el ropero había una diminuta caja fuerte, por cuyo utilización cobraban nada menos que 20€ por la semana. Por la conexión a wifi lo mismo. En recepción era gratis.

     Continúo con la llegada. Estaba bien organizada la recepción, nos atendieron muy bien, rápida y eficazmente, proveyéndonos de un plano del hotel e instalaciones, y la llave.

     A nosotros nos mandaron a la 9ª planta, justamente a la altura de la carretera (privada del hotel) que subía desde la entrada al mismo, en la planta 7ª, y llegaba hasta la nuestra. Seguía luego subiendo, con una amplia curva, hasta las escaleras que conducían a las dos piscinas del hotel y otras habitaciones o apartamento de éste. Esa carretera, desde su inicio en el cruce con la general, a la altura de la recepción, estaba cerrada por una barrera levadiza y servía de aparcamiento gratuito. Por uno de los lados la bordeaba una baranda que daba al océano. Con una maravillosa vista. La misma que la de nuestra habitación.

     Desde la planta novena se accedía a la carretera-aparcamiento indicada mediante una pasarela que atravesaba la separación con la pared rocosa del barranco, junto al que se alzaba el hotel.

     Y no puedo evitar hablar de la pretendida "Playa Balito".
 

La playa, en la que los documentos del Imserso decía estaba el hotel, no existía..

    Como dije, en las señales de circulación que había en la carretera, figuraba como "Barranco Balito".

    Eso era exactamente: un barranco que por un lado lindaba a lo ancho, largo y alto con el edificio del hotel.

    Éste, por la otra fachada daba a una extensión de tierra, que llegaba desde el muro que sostenía la carretera que pasaba ante el hotel, hasta el mar. Estaba limitada por el lado contrario al hotel por otra pared rocosa, de unos 15 o 20 metros de altura, a plomo. Sobre esa pared, en la ladera, había una colmena de apartamentos y casitas, que llegaban desde la carretera (pueblo de Patalavaca) el acantilado y el mar Se accedía a éste por una empinada escalera de largos y anchos escalones.

     La indicada extensión de tierra lindaba, por el otro lado, con el mar formando una pequeña cala, en arco, de unos 100 o 150 m, de longitud; donde no se podía acceder al mar, porque desde unos 20 m antes de llega al mar, y otros 20 m dentro de éste, donde se producía la rompiente, el suelo estaba formado de imponentes piedras sobre el que se acumulaban miles de otras piedras que conformaban el rompiente, de todos los tamaños: desde el de un huevo hasta mayores que un cubo (de limpieza de casa) o una rueda d coche. Lo que explica que fuese imposible acceder al mar y bañarse.

     Indiscutiblemente el ruido del mar rompiendo contra las piedras de la playa, era impresionante. Transmitía paz y tranquilidad, a pesar de la fuerza del mar estrellándose contra las rocas que se percibía Y el dormir con ese rumor, inmejorable, inundados por una calma y sosiego inexplicables..

     A mi me recordó mi juventud cuando vivía en el chalé de mi padre, en la playa de Sanlúcar de Barrameda, en cuya valla frontal rompía, muy débilmente, eso si, el mar en las amplias mareas de Santiago. Todavía conservo fotos con el agua del mar llegando al muro.

     Después, retirado el mar, hicieron el Paseo Marítimo entre la casa y el mar.

    Lo que si no se escuchaba en el hotel, era el tintineo que recordaba yo de los aparejos de los barcos anclados ante mi casa, movidos por el viento.

     Dejando la nostalgia a un lado, volvemos a nuestro relato: el muro que sostenía la carretera que pasaba ante el hotel, tenia debajo dos grandes vanos con la parte superior en forma de arco, de gran anchura y altura (podrían pasar dos camiones a la vez por cada uno) y que sirven para desaguar, en caso de lluvia, la montaña que tenía detrás.

   Luego la supuesta playa, no solo no podía usarse, ya que no se podía llegar al mar, sino que debería estar prohibido hacerlo. Ante la posibilidad de que una lluvia inesperada pudiera arrojar millones de litros de agua por los dos desaguaderos o aliviaderos y arrastrar a la geste al mar. Allí no llueve casi nunca, pero en el Valle del Jerte tampoco, y este año ha matado ese fenómeno una familia.

      Al otro lado de la "playa" y calita, frente a la fachada izquierda del hotel, se levantaba, como digo, otra pared rocosa, bajo la cual discurría un camino de tierra que llevaba al otro extremo de la cala, y playa del pueblo cercano.

      Desde el hotel, saliendo por la primera planta, donde estaba el bar, a la altura de la pretendida playa, se podía, atravesando ese terreno baldío y siguiendo el camino aludido de unos 500 u 800 m (no puedo calcularlo bien porque no lo recorrí) que lindaba con la pared rocosa de frente al hotel, se llegaba, como digo, a otra playa (calita, similar a la descrita del hotel, según me contaron, en la que podía bañarse. Y a unas piscinas de un importante hotel que había allí, que, al parecer, eran semipúblicas.

También llevaba a un supermercado, que recomendaban en nuestro hotel, ya que el pequeño que había en el, en la planta 6ª, no se a que hora abría, pero si que cerraba a las 15:00H, con lo que a partir de la misma, no había nada donde comprar nada. Otra facilidad para los viejos.

    No he dicho que para tantas habitaciones y plantas el hotel disponía de sólo dos ascensores, en los que estaba prohibido subir a más de cinco personas. El más cercano a recepción subía a la 10ª planta, pero no bajaba a la primera, y el otro situado al final del pasillo que partiendo de esa recepción recorría toda la fachada, derecha entrando, del hotel hasta el fondo, paralelo a la pared rocosa (con mallas metálicas para evitas caídas de piedras a los pisos inferiores) que solo llegaba a la planta novena, pero bajaba a la primera.

     En ésta estaba el bar. Con una buena terraza, con una 5 o 7 mesas en su interior, y unas 20 en el exterior.

    No pude aprenderme su horario. Por las tardes noche, siempre estaba abierto, Por las mañanas no se a que hora abría o permanecía abierto. El domingo sólo habría a partir de las 15:00H.

    Incomprensible el horario siendo el único establecimiento que había en 6 Km. a la redonda. Otra facilidad para los "imsersos".

    En él se llevaban a cabo algunas noches actuaciones musicales y de bailes o entretenimiento organizadas por la agencia. Otros días se celebraban en la piscina más alta. Es decir, subiendo la cuesta, tras atravesar la calle o carretera donde se aparcaba y luego una escalera (para la primera) y varias, según me dijeron, para la segunda. Yo no subí nunca.

    Insisto: ¿Nadie había penado por lo visto que los huéspedes del Imserso somos viejos y enfermos crónicos de todo?

    La comida, como en los demás hoteles que hemos visitado, bastante bien. Buffet libre, con abundante surtido de comidas, ensaladas, postres, frutas. Los famosos plátanos de canaria, más pequeños que los que llegan a nosotros, pero incomparablemente mejores, por su sabor y textura. ¡Estupendos! Ponían mucha variedad d pastas, conejo (también lo ponían en Tenerife. Donde abundan. (Recordemos que en todo Tenerife ni existe, ni se da, la mixomatosis) y cabrito guisados, además de otras carnes. Y otros alimentos a la plancha, en el acto, de pescados y carnes. Por la mañana bollería, guisos (lentejas chícharos) huevos fritos, estrellados, salchichas, etc.

     También había calentitos ¡comestibles!. En Tenerife ¡incomestibles!.

     Como he dicho por algún sitio, el hotel está ubicado en una carretera, sin calles ni pueblos alrededor.

     Los más cercanos eran Patalavaca, a la derecha saliendo del hotel, a unos seis Km, y Puerto Rico, a unos cinco Km a la izquierda, (también llamado La Venecia Canaria, por varios canales que entraban en el pueblo, aunque no vimos, como decían que había, ninguna góndola.

Es decir que sin coches estabas condenado en la cárcel del hotel. Recuerdo que uno de los huéspedes, de aquí de Sevilla, hombre ya muy mayor, acompañado por su hijo, de unos 40 años, con algunas limitaciones psicológicas, no pudieron salir del hotel. En Tenerife se llevaban todo el día paseando.

    Nunca he visto una carretera más frecuentada por taxis, que ésta. Venían al hotel de cualquiera de los dos pueblos aludidos y te llevaban a la zona comercial de Puerto Rico, o a su puerto y playa, o a Patalavaca, y no te costaba mas de 3,50 o 4,50€.

    Había también una linea de autobuses que paraba frente al hotel, en ambos sentidos que pasaba cada media u hora. No lo cogimos nunca.

     Otra alternativa era alquilar un coche. No era muy caro.

   No puedo olvidarme, que dos días, el martes y el jueves no nos hicieron la habitación en el hotel. Ni las camas. Ni limpiaron. Solo cambiaron las toallas

    ¿Y eso porqué? ¿Porque éramos del Imserso?

    Yo tuve la suerte de disponer de un vehículo que me prestó mi hermana, que vive en Las Palmas, y que me permitió moverme por toda la isla.
  Allí en el sur había algunas otras calitas accesible por las personas, consideradas como playas de los pueblos cercanos, como Costa Rica o Magán,

    Las playas algunas de "arenas" negras y volcánicas,

están ocupadas casi en su totalidad por sombrillas y sillones o tumbonas, perfectamente alineados, muy cerca unos de otros, que se alquilaban (4€ la sombriílla, 3€ la tumbona, y no me acuerdo cuanto el sillón).

     Dejaban muy poco espacio, del ya pequeño de la playa, para plantar un sombrilla particular. Muy cerca de la orilla, o detrás de las sombrillas en alquiler. Me daban la impresión de estar en un autobús, o un cine, en la playa. Con un vecino al que rozabas si te movías, uno detrás y otro delante y así 30 0 40 filas mirando al mar.

    En los puertos de ambos pueblos y en el de Patalavaca, había una gran actividad náutica deportiva-recreativa. No paraban de verse embarcaciones, pequeñas y mas grandes, y motos náuticas, continuamente saliendo de esos puertecitos y pasando por delante de nuestro hotel

     Con el coche, también visitamos las playas de Maspalomas, que no llegamos a diferenciar bien de La Playa del Ingles, y ésta. Ambas son de nuestro estilo, amplias, largas y de arena amarilla.

     Junto a la del Ingles había un gran aparcamiento, en superficie, de pago, y junto a el un conjunto de locales comerciales bajos, bares y restaurantes que lo separaban de la playa en si.

    Pasaron los días y llegamos al viernes en que teníamos que volver.

    Nos recogían a la 18:00H aproximadamente, había que dejar la habitación a las 12:00H, comer en el hotel y espera en el pequeño salón de recepción en los escasos 20 asientos, hasta la hora de llegada del bus.

     Algunos huéspedes hicieron uso de una habitación de "cortesía" que al parecer el hotel dejaba por una hora, para ducharse y cambiarse a quien utilizase la piscina. Ni la agencia ni el hotel, que tenían gran cantidad de carteles, avisos y anuncios en las pareces y en tablones de las agencias nos habían dicho nada.

     En el aeropuerto nos dieron una bolsa de plástico, con un bocadillo de "jamón", un plátano y un botellín de agua. Conocida como picnic, y que sustituía a la cena.

    El avión puntual al salir y adelantado al llegar. No nos perdieron las maletas. Los taxis de Sevilla canísimos, 26€ desde el aeropuerto.

Y ahora vamos con la Agencia de Viaje.

    La contratación la hice, como en las otras ocasiones. con la Agencia del Corte Inglés. quien a su vez contrata con MUNDIPLAN (al parecer hay otra agencia que se llama Mundisenior, que según nuestros compañeros de viajes, era mejor.

     El papeleo y los cobros-pagos, bien; y el cumplimiento de los planes de viaje, también bien, salvo la pequeña modificación en la hora de salida del avión de Gran Canaria, posibilidades de cambio que ya nos habían sido avisadas tanto de palabra como por escrito desde que contratamos.

     Otra cosa aparte es los hoteles en los que nos alojaron. Y la diferencia de lugar y calidad con los que sirvieron de alojamiento a otros compañeros de nuestra ciudad o de otras. No comprendo esas diferencias. Incluso con los hoteles donde hemos estado los dos viajes anteriores.

     Pero además, en el caso de este último viaje, el hotel de Tenerife era, como hemos dicho, de una calidad y limpieza manifiestamente mejorable, pero al fin aceptable.

    Lo de Gran Canaria es absolutamente inadmisible.

    No es un hotel escogido por mí, sino impuesto por la agencia. Empresa que está contratando con personas del Imserso, es decir mayores, y muy posiblemente enfermos crónicos.

     El hotel, mejor que el de Tenerife, estaba ubicado en medio de la nada. En una playa inexistente, aunque engañosamente en la documentación decía Playa Balito. Y realmente, como digo, era Barranco Balito.

     Aunque nos hicimos una idea del hotel y su situación, cuando nos dieron la documentación, por Internet, nunca pudimos imaginar que verdaderamente estuviese tan absolutamente aislado, pero no aislado en una playa de un pueblo, sino aislado en medio de un desierto, sin una calle o un pueblo a mas de 6 Km a la redonda.

     Con un único supermercado (en el propio hotel) que cerraba a las tres de la tarde, con lo que si tenías una necesidad mas tarde tenías que esperar al día siguiente. (No recuerdo si el domingo abrió).

     Y la única cafetería, la del hotel, tampoco tenía un horario de apertura completa. Si no querías o no podías desayunar en el comedor del hotel, tampoco podías hacerlo en ninguna cafetería, porque la única que había en el entorno, la del hotel, solo abría mas tarde. Y el domingo mucho más tarde aún.

     El disfrutar de las piscinas y de los festejos y atracciones que se celebraban en sus instalaciones, casi prohibitivo. Para mi y mi mujer totalmente.

     Para llegar a ellas, situadas frente a la fachada derecha del hotel, la de la pared rocosa, había que coger la empinada cuesta muy pronunciada, fuera del hotel, que nacía en la carretera general que pasaba ante el hotel, señalando su inicio la puerta del mismo (planta 7ª) y la barrera levadiza, y que servía de aparcamiento, y luego seguir subiendo unos 10 escalones para la 1ª piscina, y para la segunda y los eventos allí celebrados, otras escaleras. Nosotros teníamos la ventaja de haber podido coger la cuesta a mediados, desde la planta 9ª, por la pasarela que unía esa planta con la carretera,

     Para cualquier otra clase de huésped, no debería existir mucho problema, para nosotros, viejos y achacosos si.

    Y esta es la situación de la mayoría de personas que mueve el Imserso y Mundiplan.

    La atención de las persona de las agencias que había en los hoteles muy bien. Fueron amables y muy atentos.

     Sin embargo incomprensible que dos días en una semana no "hicieron", no arreglaron, las habitaciones del hotel. Dejando sin limpiar y las camas deshechas: ¡Incomprensible!

      La Agencia mal. En la excursión que contraté aparte, de la visita al Teide, nos coló de rondón la parada en la fábrica de Aloe Vera. ¡Inadmisible!.

      Los autobuses bien, eran nuevos, limpios, cómodos y bien conducidos.

     El traslado entre las islas catastrófico. Hacernos sacar las maletas del autobús cerca del malecón del muelle, y tener que arrastrarlas hasta el borde donde estaba el remolque para depositarlas, teniéndolas que subir a pulso como un metro, cuando los compañeros otros años anteriores habían entrado con el autobús en el barco, no se si con esta agencia o con la otra, verdaderamente lamentable.

     Y no digamos tener que subir la escala adosada al barco para abordarlo. Menos mal que la absoluta imposibilidad de hacerlo mi mujer movió al amabilísimo y atento guía que nos acompañaba en el traslado, a traer una silla de ruedas, lo que nos permitió a ella, que la llevaron, como a mi y a otros compañeros, acceder a los sillones de la cubierta del barco por las rampas de la bodega del éste.

     Y cuando llegamos a Gran Canaria otra vez el arrastre de las maletas desde el muelle al autobús, tras tener que bajar la empinada escalera. Nosotros no, porque salimos por las rampas con la silla de ruedas.

    La llegada al hotel "Marina Élite" apoteósica.

    El autobús paró a escasa distancia de la pared rocosa, en un pequeño arcén de la derecha. Y a tomar las maletas que sacaba el conductor, y tirar de ellas 60 o 70 metros por la carretera, mal asfaltada, cuesta arriba, y bastante empinada, hasta llegar a la recepción del hotel. A mi mujer que no pedía, la ayudó la amable guía que nos acompañaba, sin habérselo requerido, sino motu proprio, que le llevó la maleta hasta la entrada.

    El día que salimos, la misma mala experiencia pero al revés: salir del hotel y cuesta abajo por la mal asfaltada carretera arrastrar las maletas (que por más ruedas que tuvieran no rodaban por ella) hasta el autobús, donde el conductor las guardaba.

   Tanto a la llegada a Tenerife, como a la salida, como en la excursión, así como en Gran Canaria, el autobús que nos trasladaba, se fue llenando (o vaciando) de huéspedes de otros hoteles situados en otros lugares. En principio mejores por su aspecto o situación.. Por lo menos en calles o avenidas de pueblos o ciudades, no en el desierto.

    Me pregunto ¿Porqué esa diferencia de hoteles? ¿Quién los escoge? ¿Quién los adjudica? Y quien nos manda a ese hotel aislado y lejos de poblaciones a personas mayores.

     ¿Se puede cambiar de hotel? Sobre todo cuando, por cualquier método, te enteras que el señalado tiene las característica y situación del Marina Élite.

Sevilla julio 2017

Francisco de Paula Repetto Jiménez
francisco@repetto.cc  
francisco@repetto.to

AL INICIO